Un paseo por Chipre.

Viajar a Chipre no estaba en la lista de mis viajes favoritos. Sin embargo, a medida que fui averiguando lo que podía contener un viaje de estas características, me di cuenta de que me estaba sumergiendo en un destino desconocido, a pesar de su proximidad, y más aún, muy poco conocido en la historia común de mi generación, a pesar de tener un pasado de casi 7000 años, relacionado con los grandes colosos de la Historia (Egipto, Turquía, Oriente Próximo, Europa, etc.). Casi nadie de mi entorno sabía en qué situación se encuentra este país ni lo que puede ofrecer a quien decide visitarlo.

Descubrí que tiene una apabullante oferta turística para el viajero de sol y playa, que lo único que desea es descansar, tumbarse al sol, gozar de sus inacabables playas con un trato amable y servicial del personal de los miles de establecimientos que pueblan sus costas.

También la oferta cultural es riquísima en Chipre, donde reinó Ricardo Corazón de León, entre otros, y se escribieron importantes capítulos en la historia del Mediterráneo y de la Humanidad, desde el Neolítico, pasando por los fenicios, griegos, egipcios, romanos, otomanos, etc. Todos estos pueblos compusieron su amplia herencia cultural, como lo demuestran las importantes catedrales, mezquitas, palacios, acueductos, asentamientos griegos y romanos, entre otros muchos: resumiendo, una experiencia cultural tan completa que en pocos territorios tan pequeños se puede disfrutar.

Tampoco los amantes de la naturaleza, la montaña, el senderismo u otras actividades al aire libre se podrán sentir defraudados, pues el macizo central de los Montes Troodos, las penínsulas de Akamas y de Karpaz, los montes Pentadactilos al norte, o los cientos de senderos por los parajes áridos del centro de la isla, componen una oferta muy atractiva para quienes se acerquen a conocerlos.

Nosotros realizamos un recorrido principalmente por la zona grecochipriota, pues acceder a la zona ocupada por Turquía desde hace décadas (más o menos, el tercio norte de la isla) es bastante complicado, ya que obliga a reservar otro coche, y al ser un territorio no reconocido internacionalmente, puede haber problemas con los seguros, y las limitaciones de los desplazamientos; incluso los autobuses más o menos regulares sólo son accesibles desde Nicosia y sólo van a las capitales más importantes del norte.

No obstante, voy a describiros 9 recorridos para que os animéis a visitar esta sorprendente isla, según el tiempo que cada uno pueda dedicarle:

1.- Oeste de la isla.

Pafos es una ciudad con una oferta turística muy importante; allí encontramos un buen aeropuerto, variados restaurantes y alojamientos para todos los bolsillos. Desde Pafos se pueden realizar visitas a la gran variedad de playas con actividades acuáticas de todo tipo. Además, la oferta cultural es importante: Tumbas de los Reyes, Museo Arqueológico, Palacio Episcopal, y Museo Bizantino, la fortaleza medieval en ruinas de Saranta Kolõnes, ruinas romanas, y bellísimas iglesias ortodoxas en todas las poblaciones aledañas.

Para los amantes del senderismo están las rutas por la costa, y otras por la preciosa garganta de Avgás o Avakas, que es accesible desde el inicio y bastante concurrida.

2.- Península de Akamas.

Aquí se hallan los turísticos (que nosotros encontramos decepcionantes y minúsculos) Baños de Afrodita. Pero el resto de la Península es fantástica, ya que apenas está urbanizada con grandes infraestructuras turísticas, a excepción de las que hay alrededor de Polis y sus bellas playas. Ya en el Parque Nacional del mismo nombre, que la protege, encontramos pequeñas elevaciones de montes que rondan los 300 metros de altura y una costa salpicada de playas vírgenes, únicamente amenazadas por la gran cantidad de vehículos 4×4, quads, y todoterrenos Polaris que la recorren… Yo la visité andando y pienso que este bellísimo Parque Nacional no está lo suficientemente protegido, ya que la degradación de las ruedas, el ruido y los restos de basura de estos vehículos y sus ocupantes destruyen y contaminan el entorno sin necesidad.

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3.- Valle de Marathasa y Montes Troodos

Aquí nos encontramos con las montañas más altas de la isla, herencia de antiguos volcanes que llegan a los 2.000 metros, con una vegetación exuberante de abetos y pinos negros, con las iglesias pintadas Patrimonio Mundial de la UNESCO, y los monasterios más importantes de la isla, como el de San Juan Bautista (Moni Agiou Iõannou tou Lampadisti) y Pannagias tou Kikkou (el más grande y rico de la isla, donde está la tumba del patriarca y primer presidente de Chipre, el arzobispo Macario III). Además están los bellísimos pueblos encadenados en la vertiente de la montaña, como Pedoulas, Moutoullas, Gerakies, Kalopanagiotis, etc., con cientos de rutas de montaña (algunas del valle se pueden seguir en: marathasatrails.com) y carreteras bien construidas y accesibles.

En el centro de visitantes de Troodos se facilita información, y de allí parten también rutas señalizadas a distintos lugares del bosque. La subida del monte Olimpo (2.000 m) se puede realizar en coche o a pie, y es apta para todo el mundo. En la cumbre hay una de las dos bases militares que mantiene Gran Bretaña todavía en Chipre.

Un de los paseos muy recomendables es el Kalidonia Nature Trail, que lleva a las cascadas de Potamossias y Kalidonia, en dirección Platres, y está estupendamente señalizado.

4.- Nicosia.

A la capital, dividida entre dos gobiernos distintos, merece dedicar un par de días, pues además se convierte en la puerta de entrada hacia la zona ocupada del norte.

Sus murallas venecianas en forma de estrella se han preservado bien y albergan un recinto histórico lleno de museos, iglesias, mezquitas, etc. Y no hablemos de sus alrededores, donde monasterios, ruinas e iglesias forman un escaparate cultural muy variado, que puede requerir varios días para poder visitarlo.

5.- Norte de Chipre (zona ocupada).

Salvo que se desee alquilar un coche en la parte norte de Nicosia, recorrer estos territorios es algo complicado; en nuestro caso utilizamos únicamente el transporte público para desplazarnos hacia Famagusta (Magusa para los turcochipriotas) y desde allí iniciar el recorrido hacia otros lugares interesantes. Aquí depende del presupuesto que tengamos, ya que es probable que sólo exista la opción de alquilar taxis, pues el transporte público es más escaso que en el sur.

Famagusta me pareció una de las pequeñas ciudades más bonitas que he visitado, con su muralla veneciana intacta, sus opuestas Puerta al Mar y Puerta a Tierra, con impresionantes catedrales -ya abandonadas muchas- en su interior, palacios y mezquitas. Me avergoncé al comprobar hasta dónde llega el odio y la necedad humana cuando recorrimos las calles vacías y decrépitas de Varosha, un barrio en expansión junto a las playas, que fue abandonado a medio construir después de la ocupación turca de esta parte de la isla, y hoy en día sigue en litigio. Sin embargo, encontramos acogedor el resto de la ciudad; en especial la zona antigua amurallada era un remanso de paz y sosiego, con el mar bordeando la muralla.

También pudimos atravesar la cordillera norte, los llamados Montes Pentadáctilos (como cinco dedos hacia el cielo), para llegar a la preciosa Kyrenia. Muy bonita es, pero excesivamente deformada y encerrada entre grandes construcciones turísticas, que la ahogan. Paseando por el pantalán entre el mar y la ciudad, observados por su precioso castillo, me imaginaba la ciudad como sería antes de estas monstruosas construcciones, y me asombró cómo se puede destruir tanta belleza natural y arquitectónica antigua en pos de ser más ricos, ¡qué barata se vende la identidad de un pueblo, y cuántas veces pasa esto en la mayor parte de los lugares del mundo! Toda la costa ocupada al norte, en cuanto está cerca del mar, queda urbanizada hoy en día, a excepción de los remotos lugares de la península de Karpaz, más allá de Yeni Erenköy, donde es más complicado llegar y por ello se ha librado de la masificación turística.

6.- Chipre interior.

El sur de la isla es bastante árido también, con vegetación baja, frutales y cultivos de cereal en las zonas habitadas. Aquí encontramos cientos de enclaves muy interesantes, y bonitos pueblos, los mejores para mí ya que no están colonizados por el turismo de masas, pueblos que no han perdido su identidad y siguen manteniendo la riqueza de sus costumbres.

7.- De Cabo Greko a Lárnaca.

El este de Chipre no ocupado tiene bellísimas calas, y pueblos totalmente turísticos como Agia Napa, Paralimini, Proturas… Agia Napa tiene un pasado espléndido del que sólo quedan un par de construcciones de la época dorada. Toda la costa hacia Lárnaca está llena de gigantescas construcciones a pie de playa, salpicadas de vez en cuando de lugares protegidos con ruinas griegas y romanas, como la tumba de Makronisssos, pequeñas iglesias y una sucesión de playas.

Lárnaca es una ciudad preciosa también, con un bello paseo marítimo y unas bien conservadas construcciones antiguas como la Iglesia de San Lázaro (Agios Lazaros), el castillo, el acueducto, su lago salado con la bella y solitaria mezquita Hala Sultan Tekkesi, para visitar hacia el atardecer.

Lárnaca es una ciudad viva en la que los habitantes salen al fresco por la noche, a disfrutar de sus terrazas y otros lugares de esparcimiento, con una buena calidad de vida.

8.- De Lárnaca a Limassol.

Esta zona costera del sur de la isla se caracteriza por playas inacabables en el litoral, y por preciosos pueblos y asentamientos neolíticos en el interior: merecen la pena visitarse las excavaciones de Choirocoitia, para realizar un trekking señalizado hasta otra excavación, la de Kalavasos Tenta. Son 10 km. que atraviesan algunos pueblos atractivos como el propio Choirocoitia, Tochni y Kalavasos. A pesar de ser una caminata ligera hay que tener en cuenta que se pasa por un territorio árido y desarbolado, por lo que si hace mucho calor hay que llevar agua y protección solar.

También son interesantes para visitar las ruinas de Amathous, en la costa, con su puerto hundido que nunca llegó a funcionar -cosas de terremotos- y que se puede ver haciendo snorkeling, al lado de una bonita playa.

Otra playa interesante es la del Gobernador, pero a partir de ella se levanta la impresionante, por apabullante, Limassol (Lemesos), una gran ciudad repleta de rascacielos, donde destaca el paseo marítimo bien acondicionado; más lejos se puede ver la puesta de sol con una buena perspectiva hacia el Cabo de Gata (Akrõtïrio Gata), después de visitar el Lago Salado, inmenso, con los cazas y aviones de transporte militar británicos sobrevolando el cielo hacia su base cercana; recorrer la playa de Lady’s Mile y visitar el Moni Agiou Nicolasou (Monasterio de San Nicolás), un tranquilo monasterio de monjas que cuidan de sus bonitos jardines y de cientos de gatos que campan a sus anchas. En el Cabo de Gata disfrutamos como casi cada día de una espectacular puesta de sol sobre el mar, con las grandes dunas a la espalda, sobre una playa de cantos rodados, en el extremo suroriental de esta militarizada península de Akrotiri. Después se puede hacer una visita nocturna a Limassol, que ofrece variada gastronomía, terrazas y vida nocturna.

9.- De Limassol a Pafos.

Esta costa es más escarpada y árida que la del resto de la parte grecochipriota, además de tener importantes y preciosas ruinas. Este último recorrido se puede empezar por el castillo de Kolossi, sencillo y robusto, con una pequeña y bella iglesia al lado, Panagia Vounar Kotissa, que a pesar de su estado de semiabandono tiene unos frescos encantadores, y todo el conjunto es interesante por ello.

A pocos kilómetros están las famosas ruinas de la ciudad de Kourion, que requieren unas 3 o 4 horas para la visita, junto con las del antiguo estadio griego y las del templo de Apolo Hilates. Existe un recorrido senderista de unos 12 kilómetros, bien señalizado, entre estas ruinas.

El trayecto por carretera está delimitado por vallas en los laterales, ya que atraviesa una de las dos bases militares permanentes de Gran Bretaña en Chipre, con sus verdísimos valles y hasta bien cuidados campos de golf, rugby y cricket, y casas blancas iguales con tejados rojos, para los militares que viven con sus familias.

Os recomiendo escaparos de esta zona, una vez visitadas las ruinas, para acercaros a otro pueblo siguiendo la ruta, Pissouri, con sencillos pero buenos restaurantes en los que degustar sabrosos guisados de carne de la isla.

Continuando el viaje por esta costa árida y escarpada, llegaréis a Petra Tou Romiou, la playa donde se cuenta que nació Afrodita: os puedo asegurar que permanecer embobado entre sus rocas para ver una última puesta de sol desde allí, es un broche espectacular para cerrar vuestro viaje a esta isla mediterránea.